El jefe de la Casa de Su Majestad el Rey presidió el acto celebrado en la plaza de armas Reina Sofía del acuartelamiento de El Rey, en El Pardo. Una parada militar de gran solemnidad en la que se nombraron dos nuevos alabarderos de honor y contó con la presencia de varios componentes de la Guardia Suiza Pontificia
El 24 de junio, en horario vespertino como ya es tradición, la Guardia Real celebró la festividad de su patrón, san Juan Bautista. Esta conmemoración se lleva a cabo desde mayo de 1998, fecha en que la Congregación del Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos confirmó al santo como patrono de la unidad. Desde entonces, en torno al solsticio de verano de cada año, los hombres y mujeres de la Guardia Real participan en una solemne parada militar para honrarlo. Lo hacen acompañados por familiares, amigos, autoridades y otro personal que tiene una vinculación especial con la unidad.
En esta ocasión, el acto fue presidido por el jefe de la Casa de Su Majestad el Rey, Camilo Villarino, quien recibió los honores reglamentarios y pasó revista a la fuerza. La agrupación de la Guardia Real estaba formada por la Escuadra de Gastadores, la Unidad de Música, el Grupo de Honores —con las compañías Monteros de Espinosa, Mar Océano y la Escuadrilla Plus Ultra— y el Grupo de Escoltas, que aportó el Escuadrón de Escolta Real, la Batería Real, la Compañía de Alabarderos, la Compañía de Control Militar y la Sección de Motos. Bien custodiada, presidía la formación, con su oficial y su escolta, la bandera de la Guardia Real.
Desarrollo del acto
Tras la entronización del Cristo de los Alabarderos, protector de la unidad, por parte de la sección que le otorga el nombre, se incorporó la enseña nacional a la formación. La Sección de Honores de la Batería Real se encargó de disparar la salva de veintiún cañonazos, que, tal y como ocurre en cada acto, está perfectamente sincronizada en el tiempo con los acordes del himno nacional que pone en el aire la Unidad de Música. Después, sin solución de continuidad, tuvo lugar el nombramiento de los nuevos alabarderos de honor. Este título que se entrega cada año es una distinción que concede la Guardia Real a personalidades civiles o militares que han destacado por su vinculación con la unidad o por su contribución a los valores que esta representa. En esta ocasión, pasaron a formar parte de las filas de la Guardia Real el vicario episcopal y jefe de asistencia religiosa del Ministerio de Defensa, monseñor Francisco Javier de la Vega, y la delegada de Patrimonio Nacional en El Pardo, Amaya Herrero de Jáuregui.
Acto seguido, el coronel jefe, Luis Alfonso Choya, dirigió una alocución a todos los presentes. Comenzó sus palabras trasladando un mensaje de su majestad el rey a todos los componentes de la Guardia Real:
En este día tan entrañable para todos los miembros de la Guardia Real como es la celebración de su patrón, san Juan Bautista, os transmito mi más afectuosa y cordial felicitación.
Agradezco el esfuerzo con el que desempeñáis vuestro quehacer diario y os aliento a que continuéis con la desinteresada entrega al servicio de España y de la Corona que siempre ha caracterizado a los miembros de la Guardia Real.
Felipe R.
En la alocución, agradeció al jefe de la Casa de Su Majestad el Rey que presidiera, una vez más, una parada militar solemne de la unidad. La siguiente referencia fue para la recién constituida Hermandad de Veteranos de la Guardia Real, «una asociación que tiene, entre sus fines, proclamar públicamente su lealtad a la patria, a la Corona, y a la Guardia Real». También recordó uno de los últimos actos de Estado en los que participó la unidad, el reciente viaje apostólico de su santidad el papa León XIV: «Para la Guardia Real supuso un conjunto de acciones que ya han pasado a los anales de nuestra historia, como, por ejemplo, haber sido testigos de la primera vez que la unidad es revistada por un papa». Justo después, una parte del público presente se sorprendió de que el jefe de la unidad comenzara a hablar en italiano. El motivo estaba justificado, pues desde una de las tribunas de invitados tres componentes de la Guardia Suiza Pontificia, ataviados con sus morriones y su uniformidad característica, presenciaban la parada. En su idioma oficial les dijo que «es un gran honor y un auténtico privilegio poder acoger hoy entre nosotros a una representación de la Guardia Suiza Pontificia. Un cuerpo amigo y hermano, con el que compartimos no solo una larga tradición de servicio, sino también valores fundamentales como la lealtad, el compromiso, el sentido del deber, la disciplina y la dedicación a la misión encomendada».
Finalizada la alocución comenzó el acto de homenaje a los que dieron su vida por España. Dos componentes de la unidad, escoltados por todos los guiones y banderines de la Guardia Real, depositaron una corona de laurel en el monolito. Después, se cantó La muerte no es el final; fueron unos instantes en los que el público presente sintió el recuerdo de sus seres más queridos. A continuación, se entonó el himno de la Guardia Real y se recitó el mandato de Nuestro honor del ideario. Por último, las unidades dislocaron la plaza de armas para la preparación del desfile. Además de las unidades a pie y a caballo presentes en la parada, desfiló una muestra de los vehículos históricos de la unidad.





